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Tal como lo hemos dichos muchas veces, la sexualidad no solo es patrimonio de las parejas formalmente unidas, sea por matrimonio o convivencia. La sexualidad desborda el ámbito de la pareja y familia sobre todo en estas épocas, donde los estímulos sociales y las licencias para la práctica de una sexualidad libre abundan.
Entre estas prácticas, encontramos la de casados que frecuentan prostíbulos y bares con abundante "movimiento”. ¿Por qué hacen esto los casados? ¿Qué los lleva a traicionar a sus esposas y a buscar un tipo de “amor” que no tiene mucho de romántico y nada de amoroso? En este pequeño artículo, revisaremos los principales motivos por los cuales los casados visitan meretrices, aun sabiendo que son razonablemente felices en sus hogares y que, con esta conducta, ponen en riesgo la salud de toda la familia.
La primera excusa de los casados promiscuos es que no son felices sexualmente con sus esposas; por ello, la compensación con este tipo de compañía sexual con el fin de conseguir una simple descarga erótica. ¿Es cierto que esto los calma? Al parecer sí, son las frustraciones de la vida cotidiana las que los llevan a encuentros de paupérrima calidad y alto riesgo.
La segunda causa es de tipo inconsciente: simplemente visitan a las prostitutas porque de ese modo agreden a sus esposas. Ellos saben que están engañándolas de modo fácil y sencillo, saben que están metiéndoles un puñal por la espalda y, pese a ello, ignoran sus conciencias y continúan con el acto. En pocas palabras, es una agresión velada, secreta, que denota un odio contra la mujer, y que se descarga tanto en la prostituta como en su esposa.
La tercera causa consiste en creer que visitando los prostíbulos impiden el rompimiento conyugal. Suelen ser parejas desgastadas que no se animan a terminar el matrimonio por miedo a perder el hogar. Ello denota una enorme incapacidad para resolver las dificultades existentes y la manera de resolverlo es llevar una doble vida: Lo sexual, en la calle y lo familiar, con la esposa.
Obviamente, se recomienda evitar esta práctica por lo peligrosa que puede resultar tanto física como psicológicamente y también porque mina la moral de toda la familia que es condenada a vivir esta doble vida. No te olvides: no es verdad que nadie sabe que vas al prostíbulo, lo sabes tú y eso es suficiente para que te llenes de estrés y violencia interna que dañará tu salud.
Dr. Fernando Maestre |